Casi todo lo viejo es mejor, pero además tiene un valor intangible”. El que habla es Francisco Fernández Miranda, un enamorado del pasado que desde hace más de quince años plasma ese idilio en el diseño de viviendas nuevas con aire vintage y en el rediseño de propiedades antiguas.
El hogar que habita con su mujer y sus cuatro hijos es la mejor muestra de lo que sabe hacer: compró un terreno con una casita que demolió -preservando apenas una medianera de ladrillos-, y allí proyectó la planta, donde los elementos reutilizados son los que distinguen tanto la construcción como el interiorismo.
Mirando hacia atrás, Francisco admite que el suyo fue un proyecto artesanal, para nada económico y demandante de mucho tiempo de ejecución. Sin embargo, es enfático en cuanto al resultado: “No la vendo nunca más”. Acá nuestro recorrido.
